“Mi hermano, a diferencia mía, medía casi 1,80. Como había estado en el monte, era macancudo. Cuando a él lo mataron, mi mamá lo alzó. A mí me contaron eso y quedé derrumbada para toda la vida. Yo decía no, no, no, ¡¿cómo pudo alzarlo?! Ya estaba muerto, tenía que haber pesado más, y mi mamá era la típica obrera: ama de casa, flaca, desnutrida. ¡¿Cómo hizo para alzarlo?!”, recuerda Adriana Arboleda Betancur, directora de la Corporación Jurídica Libertad (CJL).
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