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Sandra Borda
Puntos de vista

La política exterior del año que termina: lo bueno, lo que queda pendiente y lo feo

Lo bueno:

Este balance de los primeros cinco meses de gestión internacional del actual Gobierno necesariamente tiene que comenzar por reconocer su logro más importante: la reanudación de las relaciones diplomáticas con Venezuela y la apertura de la frontera entre los dos países. Independientemente de los errores en las formas, de la falta de planeación y de la insistencia en bajarle el perfil al muy serio asunto de las condiciones de la población migrante, es preciso reconocer que el Gobierno cumplió en lo referente a este tema. Lo adoptó como prioritario, tomó las decisiones rápido y prendió el motor del intercambio binacional con entusiasmo y rapidez.

La otra dimensión positiva de la política exterior del actual Gobierno ha sido el manejo pausado y prudente de la relación con Estados Unidos. Gustavo Petro ha optado por la altisonancia en sus referencias públicas al tema, pero por fortuna, el manejo diplomático ha sido discreto, moderado y cauteloso. Y eso es lo que realmente importa. El discurso radical y que culpa de todos los males a Estados Unidos cumple con la función de enviarles a sus bases el mensaje que quieren oír y de dar la impresión de que cuenta con amplios márgenes de autonomía frente a la potencia. Esa jugada a dos bandas, que también funciona en otros temas de la política exterior de este Gobierno, es hábil, pero es una banda de caucho que de tanto estirarse puede llegar a reventarse.

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