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Velia Vidal
Puntos de vista

El chigualo que falta

Celia tenía 27 años cuando fue internada en el Hospital San Francisco de Asís, en Quibdó, con ocho meses de embarazo y una presión arterial altísima que la llevó a una preclamsia grave, poniendo en riesgo su vida y la de su bebé. Durante la hospitalización de casi un mes, su hermana tuvo que llevar todo: el papel higiénico, los medicamentos, un ventilador, las sábanas y hasta el agua. Por esos mismos días Eurania seguía trabajando en su puesto de enfermera, pero estaba desesperada porque ya llevaba casi diez meses sin pago. Era 1990 y no existía aún la Constitución del 91, de modo que Colombia seguía en los tiempos del silencio racial: Ese período posterior a la abolición de la esclavitud en el que los países latinoamericanos desconocieron la existencia del pueblo afro, invisibilizaron las desventajas de los descendientes de los esclavizados y masificaron la idea de que se vivía en igualdad, no había racismo y además todos éramos mestizos (Mito de la igualdad racial). Así que las condiciones de salud del Chocó, donde la mayoría de la gente es afro e indígena, no eran un asunto de interés nacional.

La Constitución de 1991 trajo el reconocimiento del pueblo afro en Colombia y abrió la puerta a la formulación e implementación de políticas de acción afirmativa, es decir, medidas diferenciales para cerrar la brecha en la garantía de derechos a las poblaciones que, evidentemente, venimos de una larga historia de marginalización.

En estas últimas semanas el Hospital San Francisco de Asís volvió a ser noticia porque nuevamente explotó la crisis. Protestas de los empleados por el no pago de sus salarios, ausencia de insumos para atender a los pacientes, deudas que sobrepasan los ingresos… Una crisis vieja, y que, al contrario de lo que nos han hecho creer en las constantes repeticiones, no se reduce a un asunto financiero y administrativo, ni es resultado exclusivo de malos manejos y corrupción de los chocoanos.

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