
El videito dura apenas cuarenta y cinco segundos pero lo he visto unas mil veces. Sin exagerar. Lo pusieron la tarde del pasado martes primero de febrero y no he podido borrarlo de mi cabeza.
Una señora pide que le ayuden porque unos hombres acaban de llevarse a su marido en una vereda de Tame, Arauca. Es duro oír su voz entrecortada pero no es lo que me tiene devastado. Es el niño que está detrás de ella, que se para de lado, se niega a mirar la cámara y mientras va escuchando las palabras de la mamá, limpia sus lágrimas que no aguanta porque de quien están hablando es de su papá.
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