
Ya es legendaria la frase del asesor político gringo, James Carville, que, ante la falta de foco de la candidatura de Bill Clinton dijo: “Es la economía, ¡¡estúpidos!!”. Pues bien, en el caso de Colombia se podría parafrasear a Carville afirmando que el problema fundamental “es la crisis de la democracia, ¡¡estúpidos!!”.
Tres cuartas partes de los ciudadanos desaprueban al presidente de la república, cabeza del poder ejecutivo. Esa percepción se ha incrementado en 30 por ciento desde la llegada de Duque a la primera magistratura. Es evidente que la mitomanía, la improvisación y la ineficacia del Gobierno han tenido mucho que ver con esa pérdida de credibilidad del ejecutivo, que no es visto como parte de la solución si no como un problema más para la gente.
Si en el poder ejecutivo estamos mal, en el poder judicial y las cortes estamos aún peor. El 80 por ciento de la gente desaprueba la labor del sistema judicial. Para cuatro de cada cinco ciudadanos, el derecho a una pronta y debida justicia es una falacia. La justicia se percibe al servicio de la impunidad, los corruptos, los criminales y los poderosos. No para la gente del común.
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