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Helena Urán Bidegain
Puntos de vista

La contrapartida del terrorismo de Estado es la impunidad

Hablar de Terrorismo de Estado en Colombia para muchos parece ser una paradoja. Las autoridades colombianas se precian de ser ‘una de las más viejas y estables de América Latina’, sus gobernantes son elegidos mediante sufragio universal, existen partidos políticos y un parlamento, el último régimen dictatorial se registró en los años 50, desde 1991, rige una nueva constitución política con importante catálogo de Derechos Humanos, e incluso miembros de antiguos movimientos insurgentes hacen parte del aparato estatal.

Sin embargo, el terrorismo de Estado es una realidad en Colombia. Lo que comúnmente se conoce como 'guerra sucia' y el fenómeno paramilitar son dos de sus expresiones. Las decenas de miles de personas asesinadas, los millares de torturados, los miles de desaparecidos y los cientos de miles de desplazados en la década de los 80 son un dramático registro de la existencia del terrorismo de Estado”.

Con estos dos párrafos comienza un libro titulado Terrorismo de Estado en Colombia, publicado hace ya 30 años. En su creación participaron diversas y prominentes organizaciones no gubernamentales y eclesiásticas alrededor del mundo como Pax Christi Internacional, el Consejo Mundial de Iglesias, Organización Mundial contra la tortura, Asociación Americana de Juristas, entre otras. La situación que la publicación describe no ha cambiado desde que fue escrita y las cifras no han parado de aumentar.

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