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Velia Vidal
Puntos de vista

Otilio y Luis

“ De entre las cajas de madera cubiertas con papeles que absorben la humedad, una de las curadoras sacó un mecedor, o como diría la mayoría en el Chocó, un mecedó, un cucharón largo de cabeza plana que se usa para mezclar dulces como el birimbí o la panela. En el extremo superior del mango, con tinta de lapicero azul, con la caligrafía de quien apenas aprende a escribir, tenía inscrita la palabra Otilio”.

Por: Velia Vidal

El 16 de noviembre de 2021 fui por primera vez a Londres, con él único propósito de ver con mis ojos y tocar con mis manos muchas de las piezas de la colección Chocó, llevadas por dos etnomusicólogos en 1962 desde Noanamá, en el Medio San Juan, hasta el Reino Unido. Collares de chaquiras, vasijas de barro, utensilios de madera, piedras de moler, joyería en plata, nada muy novedoso para mí. Fui por invitación del Centro de Excelencia Santo Domingo para la Investigación sobre Latinoamérica en el Museo Británico (Sdcelar), a raíz del proyecto Volver a contar, una alianza con el Hay Festival que busca cuestionar las formas en las cuales Latinoamérica es usualmente representada y estudiada en los museos. Desde que empecé a participar en el proyecto y a conversar con las curadoras rondaba en mi cabeza la idea de la invisibilización, de lo que se nombra o se deja de nombrar. Al lado de cada pieza únicamente figuraba el año y el lugar de procedencia, que al cabo para todos era igual; no había mayor información del San Juan de la época. Lo que sí estaba muy claro y documentado eran los nombres de los ingleses que vinieron de visita y su recorrido por Colombia que, además de las piezas, dejó audios con cantos y fotografías que ahora también reposan en la Biblioteca Británica y en la de Oxford.

De entre las cajas de madera cubiertas con papeles que absorben la humedad, una de las curadoras sacó un mecedor, o como diría la mayoría en el Chocó, un mecedó, un cucharón largo de cabeza plana que se usa para mezclar dulces como el birimbí o la panela. En el extremo superior del mango, con tinta de lapicero azul, con la caligrafía de quien apenas aprende a escribir, tenía inscrita la palabra Otilio. Cuando lo vi sentí como si ese hombre, que bien podría ser afro o indígena, hubiera escrito su nombre solamente para que yo lo viera años después en Londres, y se rompiera así el círculo de la invisibilización. Al leer ese Otilio, los objetos dejaron de ser para mí una suma de 300 piezas almacenadas en otro país, ahora había un sujeto en medio, que me conectaba con un pasado que también me pertenece.

El equipo del Sdcelar, motivado por el hallazgo, me invitó a un nuevo proyecto alrededor de la colección y, en particular, sobre la subrepresentación de lo afro y lo indígena que se evidencia en ella. Esta vez con la participación activa de personas de la región: como Chava, Jhovanny, Orlando, Mary Luz, Felipe, Narly o yo.

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