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Sebastián Nohra
Puntos de vista

Piedad Córdoba

Si Piedad Córdoba manipuló o no los tiempos de las liberaciones de secuestrados para catapultar su carrera política, si era alias Teodora en el organigrama de las Farc y si fue o no la llave de acceso de Álex Saab a contratos faraónicos con el gobierno de Venezuela, confiemos en que la justicia sea cristalina y a la verdad le terminen dando su sitio. Acá a los periodistas nos corresponde documentar y no sentenciar, por más guillotina que demande la plaza de las redes.

Ahora que vuelve a ser un personaje importante en la política nacional, en estas líneas me interesa repasar su historial político e ideológico y no sus procesos con la justicia. Me interesa señalar la impúdica trayectoria de una candidata al Senado que ha gozado del beneplácito de una porción importante de intelectuales, periodistas y políticos que son más dulces cuando la violencia y el totalitarismo visten cierto color. Sin el fuero de voces y plumas pesadas no sería posible que Piedad haya podido construir una imagen de mujer “demócrata y de paz”, después de haber trabajado con todo su ser para darles alas a las dictaduras más tenebrosas de América Latina en este siglo.

En la campaña para regresar al Senado se le llena la boca hablando de paz y derechos humanos a quien no solo tuvo una estrecha amistad con los Castro, Chávez y Maduro, sino que fue un piñón más del aparato estatal de propaganda de las dictaduras. Durante años se puso el chaleco rojo para vender acá y en el mundo el casete bolivariano y anti-Yankee que, en la práctica, han sido proyectos en que el Estado capturó por completo la vida, el patrimonio y el espíritu de los individuos. Piedad participó de la construcción de sociedades estamentales cuyas cuotas de libertad están a merced del antojo del planificador, solo que en estas la suerte del individuo no la determina su cuna, sino su adhesión al partido y al líder. Hizo parte de toda la casta privilegiada que orbitó a Fidel y Chávez, mientras al 99 por ciento restante se le negaban los derechos políticos elementales de una sociedad democrática y sufría los estragos de condenar el lucro, los controles de precios y la emisión descontrolada de papel moneda.

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