
La debacle de la coalición Centro Esperanza es un hecho. Les pudieron más sus egos, sus ambiciones, sus pequeñeces y vanidades que la voluntad por trabajar alrededor de un proyecto común que impulsara las ideas progresistas. Desperdiciaron su vigor en avivar desconfianzas e inseguridades y en esculpir sus egos y no se la jugaron por la construcción de una agenda de cambio.
A eso quedó reducida la esperanza que nos ofrecieron: a una mezquina puja de egos que fue envenenando el ambiente hasta volverlo tóxico.
Ninguno de sus integrantes se salva de su responsabilidad en esta catástrofe. El senador Jorge Enrique Robledo, con su soberbia y con su desconexión con la gente, ha sido uno de los que más se ha empeñado en destruir en lugar de construir. Su ego, está, en alza.
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