
La falta de claridad de Petro sobre su idea de democratizar las pensiones puede llevarnos al abismo de lo sucedido en Argentina.
Por: Luis Alberto Arango
Petro es un político curtido, inteligente y es «un hombre de izquierda que hace rato dejó de ser mamerto», como bien lo describe una crónica que hace unos días escribió María Jimena Duzán en Cambio.
Para Gustavo Petro es una obsesión gobernar a Colombia. No hay nada malo con eso. Y también tiene una obsesión por hacer cambios en los pilares económicos y sociales del país. No sé si sus objetivos sean bien o mal intencionados, lo que sucede es que muchas veces los argumentos para presentar sus propuestas están acompañados con cifras carentes de sustento, verdades a medias, mentiras y falacias.
Lo hace para apelar a los prejuicios, las emociones, los miedos y las esperanzas de los electores desinformados. Pero para un votante informado su forma de actuar podría hacer pensar que sus intenciones no son buenas y que en realidad tiene una segunda agenda en cada una de sus propuestas.
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