
Nacemos en la pequeña jerarquía de nuestros hogares, mamá, papá e hijo. Desde ahí como niños y niñas escuchamos lo que hacen nuestros padres, conversación que se transforma en lo que se quiere ser cuando grande, que puede incluir la ilusión de tener un guardespaldas en la portería, historia real, de un compañero del salón de mi hija. En sociedades como la nuestra, tener rango, prestigio, estatus social, influencia, permite tener control, es ahí donde empiezan a hacerse visibles las jerarquías sociales.
En la antropología se habla de las diferencias entre prestigio y dominio. Dos caminos para ganar estatus e influencia en las jerarquías sociales humanas. El prestigio se logra al tener conocimientos especializados y que otros desean aprender, mientras que los individuos dominantes usan la amenaza o el miedo para ganar influencia sobre los demás. ¿Les suena conocido?
En Colombia las jerarquías han llevado a que ciertas personas sean “intocables” como si fueran de una casta superior de la India, pero no, la verdad es que los intocables acá son aquellos que, vinculados por tanto tiempo al poder, parecieran dominar y controlar todo. Esas personas que han utilizado su lenguaje para impregnar de miedo sus discursos y que al final eso los convierte en personas con control. Esos personajes tienen un uso del idioma propio de ese lugar que creen tener.
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