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Daniel Schwartz

Develaciones

En la Antigua Grecia el teatro buscaba producir una catarsis en el espectador, la purificación a través de la experiencia del teatro. Buscaba que el espectador sintiera lo que los personajes sienten, que pudiera transitar por las emociones que se viven sobre el escenario. La palabra catarsis viene de la medicina y quiere decir “purga”, expulsar del cuerpo lo que es tóxico para sentirse sano, limpio. Se sigue llamando catarsis esa emoción que despierta el teatro, esa conmoción que produce lágrimas en las que se confunden la felicidad y la tristeza, que limpian el cuerpo y el espíritu.

Quienes tuvimos el privilegio de asistir a la primera función de Develaciones: un canto a los cuatro vientos vivimos una catarsis a la que deberíamos estar más expuestos nosotros los colombianos. No fue, como suele serlo, una catarsis individual, una purificación del cuerpo propio, sino una catarsis colectiva: por un instante –y creo que puedo hablar por todos los asistentes– nos conectamos no solo con los sentimientos de los personajes, sino con los nuestros, los del público. Sentimos el latigazo del dolor que deja la guerra, quedamos en silencio, sacudidos. Luego de ver la obra, comprendimos la pérdida, el desplazamiento forzado, el rompimiento de las familias, a través de las acciones teatrales; sin palabras, sin la odiosa distancia de las estadísticas, sin la manipulación de los grandes discursos.

Develaciones: un canto a los cuatro vientos es uno de los legados artísticos que deja la Comisión de la Verdad al país luego de cinco años de investigación sobre el conflicto armado. La obra es una rapsodia –los puristas del teatro podrán corregirme– en la que participan más de 100 artistas en escena, entre ellos el Colectivo Mafapo (Madres de Falsos Positivos), compañías de baile urbano del Chocó, la Fundación Sauyee´Pia Wayuu de La Guajira, la Guardia Indígena Nacional, Krump Colombia, las cantadoras de alabaos del río Guapi y grupos de bullerengue del Caribe colombiano. A todos ellos se suman las voces del poeta Juan Manuel Roca y la cantante Lucía Pulido, las telas de las tejedoras de Mampuján y el grafiti del artista Óscar González ‘Guache’.

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