
La semana pasada Andrés Mejia, inteligente colega de Blu Radio, escribió un gran hilo sobre el establecimiento colombiano y lo agotado que está una buena parte de su relato. Fue ese tipo de textos que involuntariamente logran unir sensaciones e ideas dispersas que uno va masticando, abandona y vuelve a ellas a cada tanto. Quisiera acá complementar ese hilo y añadir que las élites deben renovar su relato y parte de sus voceros, y que Petro podría ser a largo plazo el fenómeno que las sacuda y obligue a revisarse.
En las tres grandes movilizaciones ciudadanas que tuvo que enfrentar Iván Duque es cierto que hubo excesos de algunos jóvenes, vandalismo, infiltrados de grupos armados y acciones que terminaron castigando más a los más postergados que a los ricos. Es cierto. Pero agarrarse a eso y a las teorías de las filtraciones rusas y venezolanas y no querer averiguar genuinamente qué hay en el fondo y cuál es el origen del malestar fue una postura soberbia, poco astuta y que se terminó pagando después. Durante el paro nacional del 2021 encuestaron a los jóvenes y salía que su mayor preocupación, por una brecha grande, era el empleo.
El establecimiento podía elegir entre responsabilizar a Maduro y al Pato Donald o revisar las tasas de desempleo e informalidad entre los jóvenes, evaluar por qué salvo la del 2012 no ha habido en décadas una reforma en serio al sistema laboral y por qué los ministros de trabajo de este gobierno fueron Alicia Arango y Ángel Custodio Cabrera, dos personas con una formación muy pobre sobre el tema. La actitud fue un permanente estado de negación. Al fenómeno de las marchas le dedicaron más tiempo a negarlo que a estudiarlo. Presentar las mismas ideas y formas como si estuviéramos en el 2003 terminó siendo un suicidio electoral.
Regístrate para seguir leyendo
Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.
¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión
Lea los comentarios













