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Valeria Santos
Puntos de vista

Manchados de sangre

Si el corregimiento La Mesa (Azúcar Buena), en el municipio de Valledupar, pudiera hablar, sería el testimonio de la guerra en Colombia. Sería la voz de las víctimas de reclutamiento, desplazamiento, extorsión, torturas y masacres. Gritaría tan fuerte que sus lamentos los escucharía todo el país. Pero hoy solo hay silencio. La soñada verdad, justicia y reparación fueron sepultadas por quienes aún controlan el territorio. Los mismos que se han encargado de que a este emblemático lugar del Cesar, corredor estratégico que comunica la Sierra Nevada de Santa Marta con la Serranía del Perijá, no llegue la paz.

Esta es una denuncia sobre un territorio manchado de sangre. Un campo de batalla donde ha convivido el poder y la violencia de los paramilitares, una tierra que no ha podido renacer ni sanar porque después de tantos años, todo parece indicar que sigue controlada por sus victimarios.

En el corregimiento La Mesa crecieron Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, excomandante del Bloque Norte de las AUC, y su segundo al mando, David Hernández Rojas, alias 39. La familia Tovar Pupo ha sido dueña, desde 1970, de la mayor parte de la vereda El Mamón en este corregimiento, donde se encuentran dos grandes latifundios. El primero es una finca que lleva el mismo nombre de la vereda y el segundo es la hacienda El Prado que siguen siendo controladas por Jorge 40 y los miembros de su familia.

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