
Seré sincero, empezar a escribir esta columna fue algo complejo. Se cumple un año de lo que muchos llamaron “el estallido social” La necesidad de escribir sobre esto era inminente, mucho que contar, y mucho que pensar. Va más allá de recordar en modo aniversario sentimientos nostálgicos hacía una esperanza de unión apoyada en las banderas del cambio político-cultural anhelado por unos ríos de gente de los que no se veía ni el final ni el inicio.
Recae en reflexionar sobre los sucesos protagonizados por la sociedad en general, curas, madres, padres, jóvenes, profesores, empresarios, taxistas, camioneros, entre otros. Que pusieron a los medios a mentir, los políticos a prometer, y al Gobierno a tapar.
Actualmente, entiendo que la victoria no se encontraba en bajarnos un petardo y cambiarlo por otra gente aún más inepta. Se hallaba en que una gran parte de la sociedad colombiana se diera cuenta de que no necesitaba ver a Venezuela para apreciar a un dictador, a un loco perpetrado en el poder que está dispuesto a dar órdenes a través de Twitter mientras avala paramilitares urbanos antes de perder el control de lo que él cree que es su finca. Por tanto, para mí, le ganamos al gobierno, le ganamos al statu quo.
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