
En un país donde diversas veces se ha probado que la justicia colombiana se mueve proporcionalmente a la indignación y su ruido mediático, entra en importancia lo que socialmente se considera o no criminal de alto peligro en Colombia. Se quiere acabar con los vándalos, pero se ha perdido todo el foco de la palabra.
Como si solo cobijara a los actores de la violencia subjetiva en las protestas, olvidándose así de los verdaderos vándalos. Un vándalo tomando la definición del diccionario es: una persona incivilizada que comete acciones destructivas contra la propiedad pública. La sociedad le exige el foco de la justicia en capturar quién raya la pared de un colegio, pero no quién se robó el PAE de ese mismo colegio.

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