
La vida y la muerte se entrelazan en nuestra patria en una danza que tiene tanto de macabra como de liberadora. Es un baile cruel, que horada cada día la humanidad que hay en nosotros, pero que al tiempo libera destellos rutilantes con el chocar de los tacones contra el piso. Es un estallido angustioso que recoge bien la pulsión de nuestra colombianidad.
La obra de Jesús Abad Colorado retrata de forma magnífica, acaso triste, ese baile. El tema constante de sus fotografías es esa tensión. Muestra a un hombre aterrado por la violencia pero aún capaz de cargar amoroso a su hijo en brazos. Retrata a una niña que mira por el ojo de un vidrio perforado por una bala, iluminada sin embargo por el gozo de la vida que trasluce una mueca alegre.
Algunas de sus fotos me han conmovido especialmente por estos días.
Regístrate para seguir leyendo
Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.
¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión
Lea los comentarios















