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Gabriel Silva Luján
Puntos de vista

Las victorias perdidas

La derrota no siempre es el momento más amargo. Existen otras circunstancias en las que la amargura puede ser aún mayor. Me refiero a aquellos momentos de la historia en los que se obtiene la victoria y, sin embargo, el triunfo sufre una metamorfosis política y sus protagonistas lo ven como un fracaso. Para ilustrar esa paradoja, la de la mutación de la victoria en derrota, vienen a la cabeza dos ejemplos: el proceso de paz y las actuales elecciones presidenciales.

El uribismo se inventó la falsa dicotomía entre guerra y paz como si fueran escenarios antagónicos, como si se tratara de dos paradigmas diferentes para manejar el conflicto interno. La realidad es que una negociación de paz solo es factible cuando la guerra ha demostrado su futilidad para las partes o cuando el contrario llega al reconocimiento de la inevitabilidad de su derrota. Es precisamente esta segunda opción la que llevó a las Farc a sentarse a la mesa.

Las innovaciones tácticas en el campo de batalla, la combinación de las capacidades de todas las fuerzas y los logros de la inteligencia técnica, pusieron a la guerrilla de Marulanda en una situación de desventaja estratégica imposible de remontar. Es decir, no hay duda de que el profesionalismo y la eficacia de las Fuerzas Armadas en el campo de batalla fue una condición necesaria para que se diera el proceso de paz.

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