
El clima preelectoral cada día se vuelve más insoportable. La intolerancia exacerbada, los ánimos caldeados, la defensa del candidato de las preferencias se hace entregando la vida y sin aceptar crítica alguna. Se argumenta con las tripas; con más énfasis que cuando se defiende a la mamá. Son cientos de chats con insultos de un lado para otro, videos y uno que otro meme divertido que le baja la tensión al asunto.
Al ver semejante espectáculo diario donde familiares y amigos se distancian por políticos que ni siquiera conocen y los argumentos de ambas partes son más para desprestigiar que para construir, me preocupa no saber cuáles son los verdaderos parámetros bajo los que se acude a las urnas en Colombia.
Evidentemente el voto no está fundamentado en hechos, datos, realizaciones, experiencias. Responde ante todo a una visión pasional, a un preconcepto, a una idea fija del mundo y de allí no lo va a mover nada ni nadie. Si uno comenta que tal o cual intervención del candidato Hernández no le parece pertinente, entonces salta de inmediato la voz acusadora -es que como vos sos petrista-,trate entonces de explicar que no es verdad y la cosa se calienta hasta que se concluye, por desgaste, que la mejor decisión es callar. Al revés pasa exactamente lo mismo: -es que vos siempre has sido de derecha-.
Regístrate para seguir leyendo
Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.
¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión
Lea los comentarios













