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Gabriel Silva Luján
Puntos de vista

Congratulations, Mr. President

Sorprendió a muchos el que el presidente Biden llamara al mandatario electo de Colombia, Gustavo Petro, para felicitarlo y tener una primera conversación a los dos días de su victoria. Ese primer paso fue seguido por explícitas manifestaciones provenientes del Departamento de Estado en el sentido de que, en temas como la lucha contra el calentamiento global, la sustitución de cultivos y la transición energética, existen convergencias significativas.

En diplomacia los gestos son tan importantes como las palabras. El próximo gobierno arrancará con ambos apuntando en la dirección correcta. Contrasta este comienzo con la ausencia de mensajes y de señales que durante meses le tocó padecer en agonía a Duque. Sin embargo, a pesar de esos positivos pasos iniciales, aquí cabe un mensaje de cautela para que en medio de la euforia natural de la victoria y ante la agilidad de la reacción de la Casa Blanca no se cometa el error de creer que el manejo de las relaciones con Washington ya es pan comido.

No es gratuito el legendario dicho que afirma: “El que quiera un amigo en Washington más vale que se consiga un perro”. La política exterior gringa es el resultado de una compleja matriz de vectores que se combinan y contraponen generando una dinámica que está lejos de depender de la exclusiva voluntad de quien ocupe la Casa Blanca. De allí que entender de manera objetiva dichos factores es clave para ser eficaces en el manejo de las relaciones bilaterales.

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