
¡Petro nunca será presidente! Estas fueron las palabras que un selecto grupo de resentidos se tuvieron que tragar el domingo pasado. Personajes que creen que ellos son los únicos que merecen vivir sabroso. Hoy su cara de angustia es la inspiración de diversos memes, caricaturas y columnas como esta.
A pesar de que estas personas se dedicaron durante más de diez años a construir un miedo irracional hacia una elección de Gustavo Petro y hoy intenten hacerlo realidad diciendo que en un gomelo centro comercial están vendiendo el dólar a 5.000 pesos, que la acción de Ecopetrol cayó producto de tal elección, o que las empresas están comprando tiquetes revendidos en Latam, la realidad ha demostrado una cosa completamente alejada de la especulación producto de esta gente.
Petro ha demostrado que no es el mismo de la Alcaldía de Bogotá, expresa tranquilidad a pesar de la expectativa del sector empresarial y obrero ante una necesaria reforma tributaria que hoy tiene preocupadas a las clases económicas ante la pregunta, ¿cómo va a pagar su programa de gobierno si acá lo que no hay es plata?, unas ganas de gobernar aún con quienes lo han perseguido, perfilado y contradicho en público y en privado. Dejando el mensaje que todos y todas son bienvenidos en este cambio que a la larga va a beneficiar a todo el país. Claramente, un gobierno ambicioso lleno de retos sociales, económicos y políticos. Igual si la vara estuviera alta, cualquier gobierno es ambicioso y polémico si lo ponen a competir contra un señor que solo gritaba “voy acabar con la robadera”. Aun así uno de sus mayores retos, y el más necesario es “enterrar el uribismo y su respectivo legado”.
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