
Es la primera vez en la historia política de Colombia que un presidente y una vicepresidenta electos agradecen en su discurso de victoria el apoyo de los jóvenes, que fueron vitales en la discusión política de los últimos años y en la campaña de Gustavo Petro y Francia Márquez. El domingo, Gustavo Petro les agradeció su apoyo, pidió por la liberación de los jóvenes encarcelados y le cedió el micrófono a la madre de Dilan Cruz, joven asesinado por el Esmad durante las protestas de 2019.
La política se ha transformado. La democracia representativa ya no funciona como la conocimos hasta ahora, ya no necesita de los partidos políticos para tramitar las aspiraciones y clamores; ahora estos requerimientos se hacen desde organizaciones sociales con intereses específicos, grupos de presión que han logrado posicionarse en importantes cargos públicos y curules en el Congreso por fuera de las banderas partidistas. Los jóvenes son una de esas fuerzas: ser joven ya no es un adjetivo para describir a alguien que ha vivido poco, o el término para definir a quien no es niño o adulto. “Joven” se ha convertido en una categoría política. Ahora, al menos en Colombia, no se es joven por estar en la edad en la que se toman malas decisiones, sino por salir a la calle a protestar.
Se es joven cuando se exige un cambio, creo yo. Ser joven es creer que todo debería transformarse para bien. En mi juventud temprana veía el cambio como algo necesariamente bueno, pues todos los cambios que me ocurrían me acercaban a una mejor versión de mí mismo: crecía la barba, se iban los granos, empezaba la universidad. Uno abraza el cambio propio, y quizá por eso, quiere un cambio para todos los demás. Ahora estoy empezando una etapa de mi vida en la que el cambio me aterra: les temo a las pérdidas (de la belleza, de los amores, de las amistades, de la energía), al cuerpo que crece hacia los lados y no hacia arriba, a la caída prematura del pelo. El comienzo del fin de la juventud. Ya llegan los pensamientos intrusivos y reaccionarios, que serán más frecuentes mientras más les temo a los cambios.
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