
A raíz de mis columnas más recientes me han llegado páginas enteras que invitan a votar en blanco o a no votar. Algunos me critican por respaldar la propuesta del Pacto Histórico y a Petro, con el argumento del exguerrillero y la destrucción que traerá él; parecen ya decididos sobre cómo votarán, pero hoy me quiero concentrar es en quienes aún no han tomado una clara posición frente a los candidatos y que ven el voto en blanco como una opción.
Algunos lo explican como un asunto de neutralidad y otros como uno de oposición a las dos propuestas; pero cuando son tan opuestas y se conoce cuál es el trasfondo del estado en el que se encuentra el país y hay tanta claridad sobre lo que podemos anticipar, no tomar partido es mantener las cosas tal como están y solo me queda entender esta decisión como una expresión de banalidad o desinterés.
No son aceptables los ataques a quienes lo decidan así, es un derecho de cada quien, pero siento que ahí hay un debate a mitad de camino porque muchas veces se ignora que el deber del ciudadano no se limita al voto, sino que es precisamente a partir de ahí, que en un estado democrático en el que no hay miedo, se debe exigir y vigilar con mayor contundencia. Es con el voto que se asume la responsabilidad de ejercer el contrapeso desde la sociedad civil para construir en colectivo el país; es por eso que esto nos concierne a todos.
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