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Jaime Honorio González
Puntos de vista

La cita

Pues la verdad no me lo esperé. Que el presidente electo Gustavo Petro invitara a su contradictor, qué digo contradictor, a su declarado enemigo, el expresidente Álvaro Uribe a un diálogo, no me lo esperé, al menos no tan pronto. No una invitación tan directa como la que planteó el día que le entregaron la credencial como presidente de la república: “He invitado a Álvaro Uribe Vélez, al que me he opuesto durante todo este siglo, a hablar conmigo sobre temas de país”, dijo.

Ya sé que lo había anunciado, que lo iba a invitar, que lo iba a convocar, lo que fuera, pero es que por estos días todo el mundo ha dicho tantas cosas que ya uno no sabe qué creer ni a quién creerle. Además, invitar a Uribe a dialogar —en este país— ya se había convertido en frase de cajón. Y su rotundo no, también.

Pero lo que sí me sorprendió —y bastante— fue que la inesperada respuesta que vino desde El Ubérrimo hubiese llegado tan pronto, menos de 24 horas. Y aceptando la invitación, esa fue la tapa, no lo vi posible. Claro que hablé con varias personas al respecto y todas me dijeron, claro, era obvio, eso estaba cantado, bla, bla bla. Sí, cómo no. Olvidé que por acá abundan los especialistas en hacer la alineación después de jugado el partido.

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