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Daniel Schwartz
Puntos de vista

Los otros “nadie”

La “tusa electoral” es la tristeza de los perdedores cuando vemos que la mitad del país no piensa como nosotros. La victoria del No en el plebiscito por la paz fue para muchos una sorpresa: creímos, entusiasmados por lo que decían los medios del establecimiento liberal, que sería imposible que más de la mitad del país votara en contra de la paz.

Que Rodolfo Hernández se colara en la segunda vuelta presidencial ha dejado en muchos, y me incluyo, un sinsabor similar. Su victoria, y la tomo como victoria, fue algo que, nuevamente, el progresismo citadino no pudo prever. El triunfo del ingeniero es un golpe seco a nuestro ego, a nuestra fantasía autoconstruida de que es imposible que nuestra agenda no sea la misma que la del resto del país. Y a veces pensamos, porque una vez engañados es mejor seguir engañándonos, que esto sucede porque el país es bruto e ignorante, porque la gente no entiende por qué ni por quién vota.

Error. Rodolfo es un hombre simple, pero como fenómeno político es complejo y difícil de categorizar. Por su pinta, su edad y su pose de empresario, pero también por su discurso populista supuestamente alejado de la política tradicional, y por sus frases poco ortodoxas, mucha gente lo ha comparado con Donald Trump. Aunque las diferencias entre la política gringa y la colombiana son muchas, y aunque el de Rodolfo es un fenómeno local difícil de comparar, sí se puede cotejar su figura con la del expresidente de Estados Unidos. Pero, sobre todo, vale la comparación no solo entre esas dos figuras, sino en un espectro más amplio.

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