El día después de estas elecciones Colombia seguirá siendo Colombia: divida y fragmentada. Mañana, la mitad del país despertará con ilusión por el porvenir de su voto o con rabia por haberlo perdido. Cualquiera de los dos escenarios profundizará la grieta que nos separa. Del necesario cambio deberá brotar la tan anhelada reconciliación. Pero para esto también debemos estar preparados, no hay proceso de transformación y de sanación que no genere resistencia.
Al margen de quien sea el presidente, el país exige un cambio. Si bien una descamación real puede ser más evidente en una presidencia de Gustavo Petro, si el que nos termina gobernando es Rodolfo Hernández la mayoría de los colombianos se encargarán de exigirle también una verdadera transformación. Y me refiero a la mayoría porque aún existe en Colombia una poderosa minoría que siempre ha tenido el poder y que pertenece a una élite económica y política que se ufana de un progreso que en realidad ha sido excluyente y clasista.
Hoy quiero escribirles a los que, como yo, han tenido más de lo que necesitan, a quienes este país les ha dado tanto a pesar de tener tan poco. A ustedes, que van a votar para que todo siga igual, les digo: la resistencia al cambio únicamente lo hará más traumático.
Regístrate para seguir leyendo
Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.
¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión
Lea los comentarios














