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Helena Urán Bidegain
Puntos de vista

Disputas por el futuro

Es de comprender que el hecho de que por primera vez seamos testigos de la alternancia real de poder genere inseguridad y resquemor en quienes antes nunca se vieron en la situación de tener que cederlo; también el hecho de que, por primera vez, salga a la luz un informe de una Comisión de la Verdad, de tal magnitud. Los dos hechos guardan una estrecha relación pues sabemos que ha sido precisamente el relato oficial, contado siempre por quienes han manejado y abusado del poder, lo que ha permitido que un reducido grupo, por décadas, conservara su lugar privilegiado de dominación y sus agentes de violencia que, a través del Informe de la Verdad, salen a la luz.

El Informe Final es una de las recopilaciones más completas que haya habido sobre las afectaciones a la vida colectiva del país, por motivos de violencia política y jerarquías de poder; un trabajo de varios años en el que se recolectaron más de 30.000 testimonios (de víctimas y de diferentes actores del conflicto armado), más de mil informes de organizaciones externas, 15.000 entrevistas en Colombia, además de las cientos que la Comisión realizó en varios rincones del mundo; y todo esto resulta amenazante para quienes han antes creído idóneo que no haya clases de historia en los colegios; que señalan a quienes cuestionan a las Fuerzas Armadas de enemigo de la patria; para quienes han hecho creer que el orden natural es la desigualdad en la que ellos, por supuesto, están en la parte superior de la escala social; aquellos que se presentan como víctimas del comunismo y el enemigo interno (todo el que piensa o es diferente) al que hay que combatir hasta su aniquilación; los mismos que se resisten a una mejor distribución de la tierra y la riqueza, que tienden a amar las rejas y les da miedo salir de su pequeño mundo de club social en el que solo hay espacio para quienes consideran su igual; aquellos que creen que otros colombianos deben permanecer en sus resguardos y no salir a molestar porque sobran o no tienen nada que ofrecer a la sociedad.

Les incomoda que esta vez, diferentes voces de víctimas—y no solo las que ellos validan como tal o en casos llegan a instrumentalizar— son escuchadas de manera sistemática y por todo el país, desde un ente estatal. Entienden que de estos ejercicios y procesos democráticos de verdad y memoria emergen en la sociedad interrogantes sobre el propio pasado, que a largo plazo pueden generar una transformación cultural y de mentalidad. Entender que lo que pasó fue espantoso; elaborar y tramitar ese pasado para no permitir que se repita nunca más.

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