
El proyectil disparado el 23 de noviembre de 2019 por Manuel Cubillos, miembro del Escuadrón Móvil Antidisturbios, Esmad, no solo le causó un trauma mortal al cráneo de Dilan Cruz; también le creó una fractura profunda al corazón de nuestra nación. El entonces senador Gustavo Petro prometió tener la cura para sanar la herida: acabar el Esmad. Pero como gobernar es distinto que hacer campaña, y ser presidente es muy diferente a ser el jefe de la oposición, muy pronto se dio cuenta de que prometió lo imposible.
Las circunstancias del asesinato de Dilan Cruz revelan las razones por las cuales el Esmad, como está concebido y como opera, en vez de ser una fuerza garante de la seguridad de la ciudadanía y del orden público, es un escuadrón provocador y peligroso. Sin embargo, la solución no puede ser dejar al país sin un cuerpo antidisturbios. Cerrar la herida y salvar vidas requiere reformar, pero no acabar, el Esmad.
A Dilan lo asesinaron con una escopeta calibre 12, prohibida actualmente por la Corte Suprema de Justicia. Le dispararon de manera horizontal, aunque el entrenamiento que tuvo que tomar el capitán Cubillos le enseñó que solo se podía hacer de manera parabólica. Le apuntaron, aunque no estuviera causando ningún disturbio. Y le quitaron la vida por estar cerca de una protesta pacífica que el Esmad decidió caprichosamente intervenir de manera agresiva y desproporcional.
Regístrate para seguir leyendo
Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.
¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión
Lea los comentarios













