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Jaime Honorio González
Puntos de vista

La mala fortuna

Los Ibáñez llegaron hace años a Chochó, por cuenta de una casa que les regaló el Gobierno de la época a varias familias de desplazados que le huían a la Violencia en Sucre. Aunque vivieron tranquilos varios años, la Violencia los alcanzó hace dos semanas, de una forma absolutamente absurda, sin ninguna lógica, sin explicación alguna.

El lunes veinticinco, en la tarde, Carlos Alberto Ibáñez salió a trabajar. Era el hermano ejemplar, el que estaba pendiente de las cosas de la casa, “si se ganaba cincuenta, quince eran pa la mamá”, me contó un familiar. Seguro que debía tener sus defectos, pero solo diré cosas bonitas de él. Hablé con varios que lo conocieron y parece que eso era: otro muchacho bonito. No hablo de su físico, de si era guapo o no, hablo del más noble de los hijos de Luz Mary, nobleza que le jugó una mala pasada.

Esa terrible tarde, trabajando como mototaxista, iba a Sincelejo llevando a una pasajera que acababa de recoger cuando llegó a la esquina del retén, donde varios policías tenían detenidos a dos muchachos. Entonces se dio cuenta de que uno de ellos era un vecino suyo y, sin dudarlo un instante, paró.

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