
En todos los años que llevamos de lucha contra el crimen organizado, la eliminación de las transacciones en efectivo de más de 10 millones de pesos que anunció el Gobierno, puede convertirse en el golpe más contundente que se le pueda propinar al crimen y en una maravillosa oportunidad de inclusión y modernización financiera.
Deprimir el uso del dinero efectivo le ofrece al Estado herramientas inéditas para combatir el narcotráfico, la evasión de impuestos o la corrupción y al mismo tiempo conduciría a una extraordinaria metamorfosis del dinero tal como lo conocemos en el país: cuando ciertas cosas no se pueden pagar en efectivo, pues surge la necesidad de que el efectivo tenga una versión digital de la misma moneda. Es decir, un “peso virtual” o una Moneda Digital de Banco Central (MDBC) que coexista con los billetes, que los complemente o que incluso los reemplace en un futuro no muy lejano. Y que haga posible que las transacciones de dinero virtual que reemplacen el uso del efectivo, sean posibles para personas que no tienen una cuenta bancaria, las acepten en todo tipo de transacciones y tengan un respaldo por parte del Banco de la República.
En su magnífico libro El Futuro del Dinero, el profesor de la Universidad de Cornell, Eswar Prasad, resalta los impresionantes cambios y las grandes ventajas que implica la creación de las MDBC para países con poca inclusión financiera y con alto uso del efectivo. Y trae ejemplos interesantes como el de Uruguay, en donde primero se estableció que toda compra de vehículos o de finca raíz mayor a 5.000 dólares debe hacerse por medio de transacciones virtuales, para luego crear un piloto de MDBC que sirviera de respaldo a cuentas virtuales con el fin de que personas no bancarizadas pudieran realizar sus pagos a través de una aplicación luego de depositar su efectivo en una red de agentes autorizados.
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