
Desde finales de los años 80 la política económica colombiana la han manejado economistas ortodoxos, muy bien preparados, la mayoría en la Universidad de los Andes y en prestigiosas universidades norteamericanas, que han seguido con diferentes grados de adhesión los principios del llamado “Consenso de Washington”, que en términos coloquiales se le dice neoliberalismo.
La única excepción en estas cuatro décadas fue el equipo económico del gobierno Samper que, con su plan de desarrollo del Salto Social, intentó dar una orientación diferente a la economía pero las complicaciones del proceso 8.000 y la oposición soterrada y abierta de los aperturistas limitaron sus posibilidades.
También es justo reconocer que después de la crisis financiera de 2008 en los países desarrollados y la constatación del fracaso del Consenso de Washington en los países emergentes, fueron creciendo las voces críticas contra este enfoque y los ministros de Hacienda del gobierno Santos se alejaron un poco de esta ortodoxia.
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