
Una de las carteras más mediáticas es la de trabajo pero, en términos reales, el margen de maniobra que tiene es de cortas alas. Puede ofrecer algún norte y ser un eje político de diálogo entre sectores, pero a la hora de la verdad, las variables que mueven la aguja del sistema laboral y del clima de negocios se reforman en el Congreso. El Código Sustantivo del Trabajo, la confianza y el sistema tributario son las reglas de juego que le permiten o no a un país tener una baja tasa de desempleo.
Ahora es un ministerio con mucho eco y muy buscado por los medios. Ladra mucho pero muerde poco. Gustavo Petro eligió para comandarlo a Gloria Inés Ramírez, saliente senadora del Polo Democrático, licenciada en física y matemáticas, con una importante trayectoria sindical y simpatizante del pensamiento comunista. Según hemos visto en distintas declaraciones suyas a lo largo de su carrera, es una mujer vehemente y que jamás ocultó su respaldo al proyecto chavista y a la centenaria teoría de la lucha de clases como motor de la historia y principal tensión de los problemas que surgen de la relación patrono-obrero.
Su designación es, quizá, la más provocadora e interesante para analizar del gabinete de Gustavo Petro. Es una caricatura sugerir que con ella vendrá la construcción de un proyecto socialista. Para eso se necesita que casi todo el gobierno, el Congreso y el clima de opinión se sientan cómodos con la estatización de la economía. No es que estemos curados de eso, pero es un proceso largo y que hoy es muy lejano.
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