
Una de las apuestas más importantes de Gustavo Petro durante su carrera a la presidencia –en especial cuando se vio amenazado por Rodolfo Hernández– fue el voto femenino, y para eso estableció compromisos que, además, quedaron consignados en uno de los capítulos con mayor relevancia de su plan de gobierno: El cambio es con las mujeres. Hoy, muchas de esas mujeres que confiaron en esas promesas se sienten traicionadas.
La manzana de la discordia tiene nombre propio: Cielo Rusinque y su nombramiento como directora del Departamento de Prosperidad Social (DPS). A Rusinque le llovieron críticas por su falta de experiencia para manejar una entidad con un presupuesto anual de 23 billones de pesos, algo que no sorprende porque anteriormente también le entregaron el DPS a los amigos del presidente de turno –otra cosa que el gobierno del cambio no cambió–. Sin embargo, lo que más molestó a las mujeres que confiaron en el proyecto político de Petro es que se incumpliera lo pactado en campaña, ya que se había dicho que el DPS sería absorbido por el Ministerio de la Igualdad, que quedaría en cabeza de Francia Márquez y a quien poco se le ha visto desde el 7 de agosto.
Eso no es lo más grave. Las feministas que estuvieron con el presidente, cuando aún era candidato, en un debate realizado por más de 30 organizaciones, decidieron firmar una carta para rechazar dicho nombramiento. Hasta el momento han conseguido más de 900 firmas. Algunos de los argumentos expuestos señalan que Cielo Rusinque no debería estar al frente del DPS porque ha estigmatizado y hostigado a víctimas de violencia sexual.
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