
Que todos los políticos son iguales en todas partes me parece una idea perezosa, injusta y falsa. Los incentivos de los políticos sí son muy parecidos en Inglaterra, Bolivia y Bucaramanga, pero no necesariamente es igual la cultura de la toma de decisiones dentro de los partidos y el comportamiento electoral de la ciudadanía que castiga o no ciertas actitudes. No todo puede darnos lo mismo y no podemos resignarnos a reciclar los voceros y vicios de una corporación política lamentable.
La adhesión de los partidos de la U y del Conservador al Pacto Histórico fue obsceno. Nunca vimos en este siglo a partidos de izquierda formar parte de la coalición de Uribe, Santos o Duque. Con sus límites y miserias, han sido partidos que han martillado una posición y unas ideas. Les llegó su hora de gobernar. Pero ahora que ese archipiélago de movimientos, empresas y partidos que orbitaron a los gobiernos de las últimas décadas perdieron, no tuvieron el coraje de aceptar su rol natural de opositores. No. Fueron a abrazar a Petro mancillando sus fuerzas y burlándose de los millones de incautos que los siguen votando.
Esta alianza asqueó a muchas personas y ojalá sea el inicio de la sepultura del Partido Conservador. Indignó porque hemos visto a un presidente que, desde que fue guerrillero, ha culpado a esos partidos de que Colombia sea la dictadura desigual y corrupta que tantas veces denunció. Y, apenas empuña el cetro, sella una alianza clientelista para engrosar su coalición. Vendió su palabra y demostró que es solo un miembro más de la corporación política. El Petro rebelde y que supuestamente venía a esculcar y desempolvar el establecimiento ya es un ladrillo más en la pared.
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