
Es difícil detectarlos, generan un mal clima laboral y drenan la energía. Deben salir pronto de las empresas en las que estén trabajando, su presencia y agenda de intrigas desenfocan, frustran y no permiten que las organizaciones crezcan productivamente, en paz y con espíritu de colaboración.
Una sola persona basta y es suficiente para afectar negativamente la energía y el clima organizacional en una entidad, llámese empresa, ente del Estado, junta de acción comunal, etcétera. A mediados del año pasado el gerente general de una empresa internacional con sede en Colombia, y que no tiene más de una decena de funcionarios en el país, todos colombianos, despidió a su empleado más antiguo. De la noche a la mañana, el ambiente enrarecido, pesado y falto de energía que se sentía en la oficina cambió gracias a esa decisión.
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