
Avanzaba en mi lectura del libro De dónde venimos los cholos (Seix Barral, 2021), del escritor peruano Marco Avilés, cuando llegaron las noticias de la caída de Pedro Castillo; pocos días después conocí a la escritora Mónica Carrillo, también peruana; y entre la lectura de Avilés y las conversaciones con Carrillo, terminé sintiéndome muy cerca de una realidad que no solo creemos distante, sino que leemos a la luz de los estereotipos con los que los colombianos aprendimos a asociar y nombrar al vecino país. Así me fui acercando a las formas de racismo que experimentan muchos en Perú, por cholos o por negros.
Como resultado de la crisis política, y ante una pésima gestión y una postura dictatorial de la actual presidenta, la ciudadanía ha salido a las calles a protestar de manera justa; pero las autoridades han respondido con métodos que ya conocimos en Colombia y como consecuencia han perdido la vida al menos cincuenta y cuatro personas.
He seguido las publicaciones de Joseph Zárate, Marco Avilés y Gabriela Wiener porque confío más en sus palabras de escritores críticos que en las de casi todos los medios que, si no sufren una inclinación ideológica contraria a los derechos ciudadanos básicos y las libertades civiles, entonces suelen poner la mirada en los meros hechos y evitan ir al fondo de lo que está pasando. Si no es que actúan directamente bajo el racismo que recorre las venas de Latinoamérica y les impide, por ejemplo, entrevistar en igualdad de condiciones a los manifestantes indígenas y a los políticos o analistas cargados de sesgos clasistas.
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