Ir al contenido principal
Federico Díaz Granados
Puntos de vista

LA DISTOPÍA DEL SIGLO XXI

En 1934 el gran Enrique Santos Discépolo compuso el tango Cambalache, una mezcla de humor y poesía para retratar, en unos cuantos versos, la historia infame de la humanidad. “Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé / En el 510 y en el 2000 también / Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos / Contentos y amargaos, valores y doblé / Pero que el siglo XX es un despliegue / De maldad insolente, ya no hay quien lo niegue / Vivimos revolcaos en un merengue/
Y, en el mismo lodo, todos manoseaos”. Este comienzo es la premonición de un futuro quebrado, de mezquindad humana, de inmensas crueldades y egoísmos que nos han habitado desde tiempos ancestrales hasta hoy y seguramente en el futuro.

Cuando nos sorprendió la pandemia a comienzos del siglo XXI llegamos incluso a creer que este naufragio colectivo nos llevaría a ser mejores personas. “Vamos a reinventarnos”, nos decían los noticieros y epidemiólogos de momento. Estábamos todos encerrados, llenos de miedo, amenazados por unas microscópicas partículas de un virus invisible que no respetó fronteras. Algo de optimismo en una nueva humanidad también nos embargaba cuando veíamos el aplauso puntual, a las ocho de la noche de todos los días, a los profesionales de la salud en España. Esos aplausos cerrados y los conciertos en los balcones nos hicieron pensar que el llamado “Hombre nuevo” había nacido, así fuera a fuerza de un virus mortal. Pero ya Discépolo había presagiado la “mala pasta” (como decía mi abuela), de gran parte de la humanidad. El mundo volvía a ser una porquería, con gobernantes incompetentes, populistas y empresarios y banqueros explotadores. Es cierto que no lo fueron todos, que muchos sacaron lo mejor de la solidaridad para mantener puestos de trabajo a pesar de no producir y que otros hicieron grandes sacrificios por reconocer las necesidades esenciales de cada trabajador. Pero, en general, la pandemia reveló lo peor de muchas personas que ante la amenaza frontal de la muerte decidieron acumular más y más con ambición y avidez individual y sin empatía por el otro.

La verdad es que si el siglo XX de Cambalache era un “despliegue de maldad”, el siglo XXI no era mejor y, por el contrario, la distopía que habíamos visto en el cine y en las novelas de ciencia ficción era ahora nada menos que una situación cotidiana. En el siglo XIX los artistas, los poetas malditos, los intelectuales y algunos científicos desconfiaban del llamado “Progreso”. Algo intuían sobre lo que se venía. Por eso no era de extrañar que, para 1934 Santos Discépolo, luego de la crisis del Crack del 29 y en vísperas del ascenso de uno de los peores horrores de la humanidad, imaginara su centuria como “Siglo XX, cambalache problemático y febril”.

Regístrate para seguir leyendo

Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión

Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir en redes sociales