
Después de dos años de muy buen crecimiento nos encontramos con una economía prácticamente estancada y una renovada discusión sobre las razones por las cuales no crecen los países de América Latina, en comparación con el grupo de países emergentes de Asia. Este no solamente es un problema de desarrollo, sino que el gobierno no podrá atender adecuadamente las necesidades de una buena parte de la población, generando desencanto y animosidad contra las autoridades. Las tasas de crecimiento que se esperan para los próximos años no van a “permitir una verdadera transformación de nuestras sociedades y eliminar la pobreza”.(Marcela Meléndez en El Tiempo, octubre 24 de 2023).
Va a ser necesario un esfuerzo cooperativo público y privado que también incluya al sector académico para generar mayor crecimiento en el corto plazo y que a mayor plazo sea sostenible. Esto exige sofisticar la canasta productiva, entendiendo que va a ser muy difícil superar el crecimiento de largo plazo del PIB por habitante que tradicionalmente ha tenido tasas promedio de crecimiento que oscilan entre 2 y 2,5 por ciento anuales (Rafael Rivas, “El mismo error de siempre”, El Espectador, Enero 18 de 2023),
El gobierno está preparando una política de reindustrialización que tiene como objetivo dinamizar el sector productivo e involucrar al Estado como gestor o promotor de desarrollo. Para cumplir con ese objetivo, lo primero que hace falta es un irrevocable compromiso con el crecimiento del gobierno y de las élites privadas, sindicales y políticas. Respecto a esto último, un destacado economista dice que pocas cosas en el mundo son peores que un desarrollo liderado por un Estado opuesto al crecimiento (o desinteresado).
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