
El pesimista siempre queda bien. Si algo no sale bien, ya lo había advertido. Y si funciona es gracias a que lo advirtió. Una dosis de pesimismo nunca sobra, pero en exceso no hace falta.
Como en uno de los haikus más celebrados del prolífico escritor y poeta uruguayo Mario Benedetti, algunos dirán que «un pesimista es tan solo un optimista bien informado». Sin embargo, hay pesimistas que ni están bien informados ni tienen algo que aportar a una reunión. Son un lastre y de los más pesados.
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