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Johana Fuentes
Puntos de vista

Se repite la historia

Era previsible que los grandes clanes recuperaran terreno, imponiendo sus maquinarias, en las elecciones regionales del 29 de octubre. En Colombia siguen mandando los de siempre, los que derrochan ríos de dinero para comprar votos, los que dan órdenes desde la cárcel, las mafias electorales. Son ellos los que configuran, en su mayoría, el mapa político que tendremos durante los próximos cuatro años.

Salvo algunas excepciones, como en Bogotá, donde nos jactamos de elegir alcalde con voto de opinión, la política en los distintos territorios —especialmente en los más apartados— es dominada por las familias poderosas y los barones electorales que buscan seguir llenando sus bolsillos a costa del saqueo de los recursos y la feria se contratos amañados.

Es desesperanzador que esos candidatos triunfen en las urnas, pese a las advertencias, a las denuncias en los medios de comunicación o a que es de público conocimiento que tienen cuestionamientos y probablemente varios de ellos terminen destituidos. Lo peor de todo es que ya a nadie le sorprende, lo raro es que ocurra lo contrario. Es decir, que alguno de esos poderes oscuros sea derrotado.

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