
La semana pasada el presidente criticó la decisión de la Corte Constitucional de confirmar que las regalías son un costo deducible para las empresas que las pagan. Él alega que las regalías son una participación de la nación (el pueblo, dijo él) en la explotación de un recurso natural y, por lo tanto, no son deducibles. Esta interpretación contradice claramente a la Constitución en su artículo 360 que establece que son una ¨contraprestación económica¨ que obtiene la nación como compensación por autorizar la explotación de un recurso natural. Adicionalmente adultera la verdad, pone a la Corte en el papel de enemigo del pueblo y a las compañías que pagan esas regalías en el de explotadores a quienes la Corte les entrega lo que supuestamente no es suyo.
El ministro del Interior utilizó el mismo artículo de la Constitución para aventurar que hay varias interpretaciones. Y José Antonio Ocampo sorprendió con su afirmación de que las regalías son un dividendo y como tal no pueden ser deducibles. Seguramente esa incongruencia viene de la misma fuente de Petro.
Coincidió este episodio con la recomendación que me hizo una alumna de Juan Esteban Costaín de consultar unos libros que él ha mencionado, que se refieren a los análisis que provocó el ascenso de Hitler en Alemania y la rápida entronización en ese país de un régimen absolutista entregado al mal, apoyada en la manipulación de las debilidades y aspiraciones del público y en una represión brutal, sin que oportunamente alguien hubiera hecho algo para detenerlo.
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