
Los límites que la Corte Constitucional acaba de trazarle a la llamada Paz Total del Gobierno Nacional, permitirán saber, por fin, cuál será el verdadero alcance de ese ambicioso proyecto del presidente Gustavo Petro.
Porque una cosa es lo que produce la convocatoria a diálogos a grupos armados de distinta índole sin poner líneas rojas, como venía ocurriendo con el comisionado de Paz Danilo Rueda, y otra muy distinta es lo que resulta de hacer un llamado a la paz cuando se dejan claros los límites que no se pueden cruzar.
En el primer caso, como de hecho pasó, todos los grupos ilegales se apuntaron al diálogo con la aspiración de negociar bajo sus propias condiciones. En cambio, en el segundo caso, es decir con los límites que ha puesto la Corte, las organizaciones armadas saben a qué atenerse y se ven obligadas a definir desde el comienzo si están dispuestas a respetarlos.
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