Había una vez un probado delincuente que contrató al juez, para que se volviera su abogado defensor. Es una historia como las mil y una noches, pero en vez de noches son tramoyas.
El jurista: Eugenio Fernández Carlier, un exmagistrado de la Corte Suprema, acusado de ser parte de la red de compraventa de sentencias en esa corporación. El cliente: Luis Alberto Monsalvo Gnecco, gobernador suspendido del Cesar, involucrado en varios casos de corrupción. Agárrenme ese trompo y báilenmelo en la uña.
Empecemos por los delitos, ya que son varios casos penales por diferentes hechos donde Monsalvo Gnecco metió las uñas en los presupuestos departamentales. Algo así como el Toque de Midas, pero al revés.
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