
Las últimas semanas están llenas de escandalosas noticias que han reventado las redes y tienen a la gente hablando en todos los rincones del planeta. Una manada de globos chinos anda suelta recorriendo el espacio aéreo de varios países del continente. Ahora, tres objetos voladores no identificados (ovnis) fueron derribados (al cierre de esta columna) en Canadá y Estados Unidos.
Hay mucha expectativa sobre lo que dirán las autoridades una vez sean recuperados los restos de estos bichos raros. Ninguno de los pilotos de combate que los abatieron pudieron definir con certeza de qué se trataba. Tampoco se identificó el sistema de propulsión. Hasta hace muy poco el asunto no pasaría de ser una de esas historias que periódicamente emergen y sirven para vender horas en las redes y producir incontables documentales especulativos y amarillistas.
El asunto de los objetos voladores no identificados -que era el reino en el que deambulaban los chiflados y los fanáticos- ahora es un tema importante. Después de que en 2020 el Pentágono hiciera públicos varios videos de encuentros de pilotos militares con extraños objetos que no pudieron ser explicados, el asunto ha ingresado abiertamente al catálogo de las preocupaciones de la seguridad nacional. Ya se sabe que efectivamente han ocurrido múltiples encuentros civiles y militares con artefactos aéreos que son imposibles de explicar con los argumentos convencionales.
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