Dime con quién andas y te diré quién eres. O en el caso del presidente Gustavo Petro, dime cuáles son tus embajadores y te diré qué tipo de Gobierno representas.
Empecemos con un poco de historia. Y de humor porque esto es una columna que raya en lo ridículo. En la década de los sesenta un colombiano común y corriente llamado Jaime Torres llegó a la ciudad de Neiva. Una vez allí, engañó a toda la ciudad haciéndose pasar por embajador. Torres, astuto y sagaz, hizo con sus cualidades un timo increíble a miles de ciudadanos quienes lo trataron como si fuera alguien de la realeza, brindándole todas las comodidades y cumpliéndole hasta el último de sus caprichos.
Esa llamativa historia, inspiró el guion de la famosa película El embajador de la India, que debutó en cartelera en 1986. En ella se retratan de manera divertida estos acontecimientos como un punto de partida de una discusión: ¿de qué sirve la astucia, inteligencia o lo que llamamos malicia indígena, si es para engañar a gente inocente con beneficio individual y no para ayudar a los demás ciudadanos con beneficio social? La respuesta es porque “es mejor ser el rey” como dijo Mel Brooks en la también entretenida película titulada Historia del Mundo Parte I.
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