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Gabriel Silva Luján
Puntos de vista

Radicalización o concertación

Sin duda la semana pasada fue desastrosa para el presidente Petro. Ocurrieron simultáneamente una cadena de situaciones de orden público que deslegitiman la paz total; explosivas revelaciones sobre posible corrupción de parientes cercanos al presidente; y, para rematar, se dieron trascendentales decisiones de las Cortes que le ponen freno a los excesos del Ejecutivo y del Congreso.

Algunos podrían concluir que entre peor le vaya al presidente mejor le va al país. Otros se regocijarán con esas desdichas y se frotarán las manos ante las adversidades creyendo que la debilidad de Petro es una bendición. Esa es una falsa premisa. Un jefe de Estado arrinconado, en particular, de la escuela de los iluminados no es el mejor de los escenarios para el país. Un presidente a la defensiva es propenso a actuar erráticamente, a ser un mal ejecutor y a tomar decisiones precipitadas al calor del último desafío político.

Gustavo Petro debe estar recorriendo los solitarios corredores de la Casa de Nariño rumiando qué hacer ante esa cascada de infortunios. En medio de sus angustias debe estar sopesando qué camino tomar. El dilema que tiene por delante, en el fondo, es sencillo. Pero también es bastante peligroso. El presidente tendrá que escoger entre la radicalización o la concertación.

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