
No todo se ve más pequeño desde el cielo. En menos de una semana, sobrevolé las selvas del Guainía y los bosques del Bajo Cauca: en este último territorio, la percusión del rotor del helicóptero amplificaba las heridas de la tierra arrasada por la minería ilegal en los límites entre Zaragoza y El Bagre, en la ribera del Nechí, como si fuera una marcha fúnebre.
Desde el inicio del paro minero en el Bajo Cauca, nordeste de Antioquia y sur de Córdoba, se plantearon varias hipótesis sobre su origen coyuntural, ligado a la destrucción de dragas de ilegales por parte del Ejército y al despliegue de poder criminal para ganar fuerza en el escenario de la Paz Total. Sobre su génesis estructural, algunos mineros ancestrales y ciudadanos de la región coinciden en la falta de presencia del Estado.
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