
La instrumentalización con fines electorales del dolor de las víctimas del conflicto se ha instalado en la política colombiana. Cuando el senador Álex Flórez escudó sus actos en Cartagena –explotación sexual de una mujer y agresión a la autoridad, entre otros– en un “momento emocional difícil” originado por la masacre de Chochó, Sucre, no se alejó del modus operandi de su padrino político, Daniel Quintero.
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