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Velia Vidal
Puntos de vista

La tierra prometida

Yo me enamoré de Urabá recorriéndolo. Conocí los once municipios y muchos corregimientos, navegué por el río León, por el Atrato y por el mar Caribe en el golfo. Recorrí precarias carreteras destapadas y las fastuosas vías del eje bananero. En mis recorridos, que empezaron hace unos diez años, conversé con gente de muchos lugares y comprendí una parte de sus dinámicas sociales, culturales y políticas. Con el tiempo empecé a decir que podría vivir en Urabá con el mismo gusto que he vivido cada vez en Bahía Solano, a fin de cuentas, amaba igual De dónde vengo yo de ChocQuibTown que Sol de esperanza de Zona prieta.

Viéndolo ahora en perspectiva creo que tal afinidad vino siempre de la certeza inconsciente de la raíz común, esa que se extiende por el mar, sube por el Atrato y concierte en uno solo al Pacífico y al Caribe, entrelazados por las lianas de la selva, por siglos de historias y cadenas compartidas.

Esa afinidad y estos años de amistades, amores e intereses cercanos, explica por qué la primera región a la que extendemos los programas de la Corporación Motete por fuera del Chocó es a Urabá; para nosotros esta también es la tierra prometida, porque sentimos que es un lugar donde nuestra apuesta por la garantía del derecho a la cultura y en especial del derecho a la lectura, considerando las particularidades de nuestros públicos mayoritariamente racializados, puede dar frutos tan abundantes como los de las Musas Paradisiacas que colman este territorio.

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