
En nuestro país hemos aprendido a vivir en la desconfianza. Esta situación se manifiesta tanto en los indicadores acerca de la percepción ciudadana sobre las entidades públicas como en la credibilidad en las empresas de carácter privado. La confianza es deseable, pero supone un riesgo en el tiempo pues ella puede ser defraudada. ¿Qué es entonces la confianza? Pocos conceptos son tan evasivos. La confianza es una mezcla de fe y esperanza que nos hace dependientes de la voluntad de otra persona o de un grupo al confiar en que cumplirá compromisos previamente acordados. La disminución de la confianza es a la vez un problema social y una barrera política que permea nuestras vidas como individuos y como miembros de una nación.
Esto me hace evocar un relato de un pueblo indígena de la Sierra Nevada de Santa Marta, es la historia de venado y jaguar. La enseñanza de esta narración puede ir más allá de ese grupo humano y constituirse en una aleccionadora metáfora de nuestra trayectoria común como ciudadanos de este país. Fue narrada hace décadas por un destacado hombre wiwa, Ramón Gil, a un misionero italiano.
Un hombre del pueblo wiwa marchaba con su pequeño hijo en busca de un sitio en donde levantar una casa. El pequeño señaló apresuradamente el lugar que, en su inocencia, consideraba adecuado para construir la vivienda. Escogió una verde colina cercana a un riachuelo cristalino y a un pequeño bosque del que se tomaría la madera y la palma para la construcción de lo que sería su hogar. Mirando de manera comprensiva a su vástago, su padre le dijo que debía narrarle la antigua fábula del venado y el jaguar.
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